Por
Gonzalo Rossi
En forma muy exclusiva, el ex delantero Marcelo Reggiardo se hizo un tiempo
para hablar con nosotros. Con respecto a sus inicios en el fútbol, contó: “Comencé a jugar al fútbol, en el campito ubicado
frente a mi casa, en el barrio San José, Villa Constitución, Santa Fe. Luego, a
lo seis años ya jugaba en el baby, representando al mencionado barrio, junto
con chicos de nueve y diez años. Recuerdo que la camiseta del equipo era como
la de Boca Juniors, usaba el dorsal nueve y siempre hacia goles. Por eso en ese
entonces me llamaban Hugo Curioni, haciendo hincapié en el ex atacante
xeneize”.
Además, sostuvo: “De pequeño, no
tenía preferencia por algún jugador en especial. Si me acuerdo mi admiración
por Marco Van Basten. En ese momento, no había en los años tantas cámaras ni
redes sociales; poder ver los goles de Van Basten en el fútbol italiano, una
vez por semana, o en la Selección Holandesa, era inspirador”.
También,
estuvo en Newell´s Old Boys. “A los 11
años, jugaba para el equipo de baby de la Escuela Cristo Rey, y en el Club
Belgrano de San Nicolás, de la Liga local. En una ocasión, el papá de un
jugador que estaba en Newell´s, me preguntó si quería ir a NOB, ya que en la
Sexta División necesitaban un 9. Posteriormente, dicha categoría jugó un
partido amistoso en Casilda y mamá me llevó a ese lugar para que disputara ese
encuentro, el cual luego lo ganamos 2-1 con un gol mío. A raíz de eso, firmé en
Ñuls”, comentó. Y agregó: “Estando
en La Lepra, fui goleador en todas las categorías de Inferiores”. Asimismo,
remarcó: “Estando en Newell´s, me encontré
con un club profesional, exigente, disciplinado, ordenado y ganador. Tenían
tres equipos por división y había mucha competencia. Ahí tenías que rendir y
cumplir, si no, afuera”.
Por
otro lado, expresó: “Los clásicos contra
Rosario Central eran batallas. Ganamos la mayoría de los clásicos en
Inferiores. En esos tiempos, la Primera Local, a un paso de la Reserva de
aquella época, salimos campeones así que, éramos superiores”.
Más
tarde, indicó: “Jugar en la cancha de
Primera, era un sueño que hacía pregustar los sabores de los aplausos y los
cantos de la hinchada. De manera, comenzabas a experimentar el dulce de la fama”.
Conjuntamente, admitió: “La
primera vez que pisé el césped de la cancha principal de Ñuls, fue en un
partido de la Primera, enfrentando al Gremio de Porto Alegre, siendo alcanza
pelotas, estando en Sexta División. Una locura”.
En relación al debut en Primera, contó: “Mi debut en Primera, fue en la última fecha del torneo ´83, en condición de local en Arroyito, contra Argentinos Juniors. En esa oportunidad, reemplazando a Sergio Almirón. El Técnico era Juan Carlos Montes”.
-¿Cómo surgió ir a Almirante Brown?
El último partido de 1984, lo jugué para la
Reserva en cancha de Vélez Sarsfield, marcando 2 o 3 goles. En la semana
siguiente, apareció un señor en mi casa, en Villa Constitución, buscándome como
refuerzo para el club Almirante Brown, un equipo gigante de la Primera B. Ñuls
me prestó sin opción, para foguearme. Jugué el ´85 en la B, lo que fue una
experiencia maravillosa.
Posteriormente, volví a Ñuls y fuimos Campeones de Reserva ´86. En el
año 1987, arribo al equipo superior José Yudica, quien no me tuvo en cuenta.
Después, me volvió a pedir Brown para el primer campeonato Nacional B. En ese
certamen, pese a que no clasificamos a las instancias finales, metí 20 goles.
Así se abrieron las puertas para llegar a Independiente de Avellaneda.
-¿Qué
destacas de tu paso por el Rojo?
El pico de mi carrera fue estando en Independiente.
El año que jugué en el Rojo, quedó marcado en mi vida y memoria. Estuve en un
club grande, y gocé de todo lo que había soñado: ser jugador profesional de
fútbol, rodeado de grandes jugadores y estrellas, canchas llenas, dar una
vuelta olímpica y ser el mejor equipo de Argentina, no tiene precio.
Después, pasó por San Lorenzo de
Almagro. “A San Lorenzo llegué en el peor momento Institucional y personal.
Confluyeron los dos estados negativos y el resultado no pudo ser otro:
frustración, bronca y tristeza. Un doloroso recuerdo”, recalcó.
Por
otra parte, subrayó: “En esa época, estaba
triste y enojado. No supe manejar la situación. Cuando te toma el enojo y la
bronca crece en tu interior, te va envenenando por dentro. Estuve un año en
Bélgica, donde realicé una excelente primera rueda en el campeonato local y
regresé a la Argentina. Volví a Argentinos Juniors, mal. Y a partir de ahí tuve
el mundo en contra mío. Luego, pase por Deportivo Quito de Ecuador, Almirante
Brown otra vez, Alvarado de Mar del Plata, donde fue lamentable lo que vivimos,
Douglas de Pergamino y por último Sarmiento de Junín. Desde que volvimos de
Bélgica, no paramos de sufrir. ¡Me había cansado el fútbol! Colgué los botines…
pero el fútbol me había ganado. Después de un año del retiro, volví a las canchas
en Dock Sud”.
Conjuntamente, remarcó: “Habiendo
dejado el fútbol, viajé a Santiago de Chile. Allí viví un encuentro
maravilloso. Un encuentro con Jesucristo, dandose un milagro para volver a
jugar, en el Docke. Volví a disfrutar y
ser feliz. Al finalizar el año,
decidí dejar la actividad definitivamente. Hace 28 años que no piso una cancha,
ni me pongo los cortos o unos botines. Soy feliz”.
-¿Cuál
es tu presente?
Mi presente transcurre sirviendo en la Iglesia
en Argentina, acompañando gente con problemas y visitando comunidades,
anunciando que Dios nos ama y la Salvación es Jesús. Soy testigo de que Jesús
resucitó y tiene el poder para cambiar cualquier situación que estás viviendo.
Lamento mucho la situación de tantos jugadores que sufren, porque sé lo que
están viviendo, y no pueden abrirse a una vida nueva. También, he fundado un
club en la parroquia para trabajar en la formación de tantos jóvenes que están
expuestos a los peligros de las calles. El deporte es una gran herramienta para
la formación de las conciencias y las voluntades. Soy un agradecido al deporte
y a tantos entrenadores que me han formado.
-¿Qué
opinas de la actualidad de Newell´s e Independiente?
Creo
que las dos Instituciones, Ñuls e Independiente, vienen de una gran crisis
dirigencial. El fútbol hoy es un negocio. Se ha deshumanizado el deporte. La
gente se impacienta, y se toman decisiones para conformar. Han perdido la identidad.
El apuro llega a los entrenadores y la presión a los jugadores que cada vez son
más jóvenes e inmaduros. Creo que Gustavo Quinteros, con el que vivimos juntos
en la pensión de Ñuls, en Independiente, y (Darío) Kudelka en La Lepra, son dos
excelentes entrenadores para pilotear la tormenta y lo van a sacar adelante a
ambos equipos. En Independiente ya se
está viendo el progreso. Hay algo que es una cuestión natural: los procesos, el apuro y los negocios no respetan los
procesos. Es largo el tema.
Fotos: Mas Rojo. Independiente sin censura.
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